6 pasos para poner en práctica la innovación

Posted on miércoles, julio 10, 2013 Under 0 comentarios


Cuando queremos innovar podemos tener muy claro qué es y cómo funciona la innovación, qué pretendemos conseguir con ella y en dónde debemos actuar, pero cuando nos disponemos a poner en práctica la innovación descubrimos que no es fácil. Las personas innovadoras pueden encontrarse con muchos obstáculos, incluida la resistencia al cambio o la pérdida de interés cuando los desafíos prácticos superan al entusiasmo inicial al poner en marcha un proyecto innovador. En este post hablaremos de los pasos necesarios para llevar la innovación a la práctica.

Canvas innovación

Derechos de la foto: Asier Gallastegi


Pasos básicos: definición de la visión y gestión del cambio


Diseñar y definir la visión del proyecto

Es muy importante definir muy bien la idea sobre la que gira el proyecto que queremos poner en marcha, pues será una excelente guía para evitar posibles desviaciones sobre el objetivo. Recuerda, siempre hay que tener claro tres cosas: quiénes somos, qué hacemos y dónde queremos estar.

Identificar los grupos de interés o stakeholders

En otras palabras, ver qué personas se verán afectadas por la puesta en marcha de la idea, qué personas controlan los recursos que necesitamos para ello y qué criterios utilizarán para valorar el proyecto. Estas personas no tienen por qué formar parte de tu empresa, pueden ser externos (por ejemplo, el Gobierno autonómico o algún lobby). Una vez conozcamos esto, será más fácil alinear la innovación con los intereses y preocupaciones que estas personas tengan.

Comunicarse con los grupos de interés

Lo siguiente será demostrar a los stakeholders a través de una buena estrategia de comunicación, cuáles son los beneficios de lo que queremos poner en marcha con el fin de obtener los recursos o apoyo necesarios.

Gestionar la resistencia

Siempre habrá alguien que se oponga a hacer algo nuevo, a no ser que la cultura de nuestra empresa premie de alguna forma el hacer cosas nuevas. En caso de darse resistencias al cambio, habrá que buscar la manera de gestionar las preocupaciones de las personas que las originen para evitar que el proyecto fracase.

Mantener el entusiasmo por la innovación

La innovación es un proceso que suele llevar su tiempo. Cuando hacemos cosas nuevas estamos muy entusiasmados y queremos obtener resultados pronto, y si como suele ocurrir, tardan algo más de lo esperado en llegar, perdemos interés por el proyecto. Es importante trabajar mucho el clima laboral y procurar que no se pierda el entusiasmo por innovar. Una buena forma de lograrlo es dividir los objetivos a largo plazo en otros más pequeños y a corto plazo, de forma que dé la sensación que se está avanzando rápidamente en el proyecto.

Lo más difícil: Gestionar el tiempo


El tiempo es el recurso más escaso y valioso que se tiene en un proyecto de estas características. Por ello, éste es un paso que ha iniciarse desde que queremos poner en marcha la innovación, pues es el más relevante en cuanto a la gestión de recursos. A la hora de gestionar el tiempo, hay que fijarse en 3 cosas:

  1. Implantación y tiempo necesario para generar engagement. Hay que tener muy claro el tiempo que vamos a tardar en implantar los cambios en nuestra empresa y/o cuánto tiempo necesitamos para despertar engagement entre nuestros clientes. 
  2. Mentalidad. Cuando innovamos de forma radical, no podemos esperar obtener grandes resultados de un día para otro. Por el contrario, si la innovación es progresiva, su impacto sobre los resultados puede mostrarse con mayor rapidez pero con menor intensidad. Dependiendo de los objetivos que se definan en la visión del proyecto, deberemos adoptar una visión más o menos a largo plazo, y en consecuencia, gestionar mayores o menores horizontes temporales. 
  3. Pensamiento y acción. Lo tercero en lo que debemos hacer hincapié es el tiempo que vamos a dedicar a pensar y el tiempo vamos a utilizar para hacer cosas. La clave está en saber perfectamente cuál es nuestra estrategia y las oportunidades que existen en el mercado. Unas veces puede ser más adecuado el intentar obtener rápidamente un producto o servicio mínimo viable que podamos testear fácilmente en el mercado, y ajustarlo a las necesidades del cliente en base a sus reacciones ante él; y otras veces, por motivos estratégicos, es preferible pasar mayor tiempo investigando qué quieren realmente los consumidores, para más tarde realizar un desarrollo rápido de un producto definitivo. 
 Y tú ¿qué opinas? ¿Qué tendrías en cuenta? ¿Añadirías algún paso más?


Sobre el autor

Consultor de innovación para empresas con Master MBA. Enamorado del mundo de la empresa y de la innovación. En continuo aprendizaje y siempre dispuesto a descubrir cosas nuevas.
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